El primer aniversario: el día para el que nadie te prepara

El cabo de año del padre de Anna llegó antes de que ella mirara el calendario. Lo que hizo mal el primer año, lo que hizo distinto el segundo y por qué ya no lo hace sola.

Alina Irene
Alina IreneAlina Irene escribe sobre la memoria, el silencio y la sabiduría.
Dos velas tranquilas sobre una mesa

Llegó una semana antes, en el cuerpo. Estaba en el fregadero, con las manos en el agua, y algo pesado se me vino abajo por dentro sin motivo aparente. Pensé que era cansancio. Pensé que era el tiempo, que estaba cambiando. A la mañana siguiente miré la fecha y lo entendí: mi padre llevaba casi exactamente un año fuera, y alguna parte animal de mí había estado contando los días sin decírmelo.

Me había preparado para el funeral. Me había preparado para la primera Navidad, para su cumpleaños, para el primer verano sin la silla de plástico al sol. Para esto no. Nadie me avisó de esto.

El cuerpo lleva la cuenta

Después lo busqué, porque soy de las que buscan, y tiene nombre: reacción de aniversario. Es común. Me tranquilizó y me molestó a partes iguales, como cuando te dicen que lo tuyo es normal y tú querías que fuera, por lo menos, tuyo.

Lo que no te dicen es lo otro. El primer año todo el mundo recuerda contigo. Te llaman, te preguntan, te dejan comida en la puerta. Y al llegar al año el mundo ha acelerado, con toda la razón, y tú eres la única que sigue contando. La compañía está más delgada justo cuando la fecha pesa más. No es culpa de nadie. Pero.

Dejé de intentar pasarlo

El primer aniversario me lo pasé demostrando que estaba bien. Fui a trabajar. Contesté correos con signos de exclamación. Le dije a una compañera que sí, que un año ya, qué rápido, con una voz que no era la mía. Fue uno de los peores días que recuerdo, y no por él. Por mí, sujetando la puerta con las dos manos para que no se abriera.

El segundo año hice lo contrario. Encendí una vela, y yo no soy una mujer de encender velas; me parecen de otra gente, de gente más ordenada con sus sentimientos. La encendí igual y me quedé mirándola con cierta vergüenza y luego sin ninguna. Hice el plato que él hacía mal —siempre se le pasaba el arroz, siempre— y que ahora yo hago mal a su manera, con el arroz pasado, porque si me saliera bien no sería el suyo. Dije su nombre en voz alta en la cocina vacía. Sonó raro. Lo dije otra vez.

Un día que marcas se lleva mejor que un día que mantienes cerrado con las dos manos. Eso lo aprendí a la segunda, que es cuando aprendo yo las cosas.

No lo hagas sola

Por la tarde le mandé un mensaje a mi hermano. Dos palabras: "Pensando en papá." Me lo pensé antes de enviarlo, como si fuera a molestarle, como si él tuviera su propia fecha y yo la mía. Contestó en menos de un minuto. No dijo gran cosa. No hacía falta.

Un dolor privado se volvió un dolor compartido, y eso es otra cosa, aunque pese lo mismo. Mi padre era de más gente que de mí. Se me olvida a veces, en la cocina, con la vela.

En muchas familias el año se marca con una misa de aniversario, un cabo de año, y se avisa a los primos, a los amigos de él, a la gente que todavía lleva su nombre en alguna parte. Se manda una nota, una invitación, una esquela pequeña. Está bien que exista un gesto con forma. Y si no sabes qué mandar, la página puede ser eso: lo que envías, con sus fotos y con las cosas que escribimos, para que quien la reciba lo tenga un rato delante antes de la misa, o en lugar de ella.

Algo que recuerda contigo

Guardo la página de mi padre en Stella Memoria en parte por esto. Recuerda la fecha para que yo no la sostenga sola. El día del aniversario vuelve, sin ruido: sus fotografías, la del bigote de los ochenta que a él le parecía elegante, las pequeñas cosas que fuimos apuntando entre todos. La frase que decía al sentarse a la mesa. La receta del arroz, mal escrita, como él la hacía.

Mi hermano la abrió también ese día. Lo sé porque añadió una foto que yo no había visto nunca, de los dos en una playa, con mi padre haciendo una mueca. Nos escribimos sobre la mueca. Nos reímos un poco. Fue, de lejos, lo mejor del día.

Recordarlo no debería ser una cosa que me toque hacer completamente sola. Y en esa fecha, por lo menos, no lo es.

Preguntas frecuentes

¿Qué se hace en el cabo de año? Lo que cada familia haga. En muchas, una misa y un aviso a los parientes; en la mía, una vela, un arroz pasado y un mensaje a mi hermano. No hay una forma correcta. Hay una forma que puedas sostener, y esa es la buena.

¿Es normal sentirse peor al acercarse el aniversario? Sí. Tiene nombre y todo: reacción de aniversario. El cuerpo lleva la cuenta aunque tú no mires el calendario. A mí me llegó en el fregadero, una semana antes. Saberlo no lo quita, pero ayuda a no asustarse.

¿Qué mando a la familia para el aniversario de mi padre? Algo que tenga su cara. Una nota corta con la fecha de la misa, si la hay, y un enlace a su página, para que lo vean un rato antes. La gente agradece tener algo que mirar, más que algo que leer.

Para enviarlo a alguien o para publicarlo.