La tarta que nadie sabe si comprar

Ideas sencillas y frases para recordar a un ser querido fallecido en su cumpleaños: en casa, en familia, a distancia o en redes, a su manera y sin prisas.

Alina Irene
Alina Irene escribe sobre la memoria, el silencio y la sabiduría.
Tarta blanca con velas encendidas sobre un plato

El calendario del móvil, que no sabe nada de la vida, le avisa por la mañana: «Cumpleaños de papá». Usted lo mira un rato largo. No lo ha borrado y tampoco piensa borrarlo, faltaría más, pero ese recordatorio tan alegre, con su globito, tiene algo de visita inoportuna.

Y luego vienen las preguntas pequeñas, que son las que de verdad cansan. ¿Se llama a la tía? ¿Se dice algo en el grupo de la familia o se espera a que otro dé el primer paso? ¿Se compra la tarta de siempre, la de trufa que le gustaba a él y a nadie más, o eso sería ya un poco raro?

Le adelanto una cosa: lo raro, en este asunto, casi no existe. Hay familias que celebran el cumpleaños de quien ya no está con una comida por todo lo alto y otras que lo pasan en silencio, cada uno en su casa, encendiendo una vela. Las dos cosas son formas de decir lo mismo.

Por qué el cumpleaños pesa distinto

El aniversario de la muerte recuerda una ausencia. El cumpleaños, en cambio, recuerda una llegada: el día en que esa persona apareció en el mundo y, con el tiempo, en la vida de usted. Por eso a mucha gente le resulta más dulce, y a otra mucha, más difícil.

Durante bastante tiempo se pensó que lo sano era «pasar página» y soltar el vínculo con quien se ha ido. En 1996, Dennis Klass, Phyllis Silverman y Steven Nickman reunieron en el libro Continuing Bonds trabajos que cuestionaban esa idea: observaban que muchas personas mantienen una relación con sus seres queridos fallecidos, una relación que cambia de forma pero sigue ahí, y que eso puede ser perfectamente sano. Lo que cualquier abuela habría dicho en una frase, vaya, pero con bibliografía.

Celebrar un cumpleaños es justo eso: seguir teniendo una relación con alguien.

Ideas para recordar a un ser querido fallecido en su cumpleaños

Ninguna es mejor que otra. Son cosas que han hecho otras familias y que quizá le den pie a la suya.

En casa, sin mucho ruido

  • Encender una vela a la hora de la cena y dejarla hasta que se consuma.
  • Preparar su plato favorito, aunque nadie más en casa lo soporte. Las lentejas con chorizo de los sábados, el arroz con leche con demasiada canela.
  • Poner su música mientras se hace cualquier cosa: fregar, doblar ropa, conducir.
  • Escribirle una carta contándole cómo ha ido el año. Algunas personas guardan una carta por cada cumpleaños en la misma caja.

En familia

  • Comprar la tarta de siempre y repartirla contando cada uno un recuerdo. Los niños suelen ser los que mejores anécdotas sacan.
  • Sacar las cajas de fotos y ordenarlas juntos. Rara vez se ordena nada, pero se ríe mucho.
  • Ir a un sitio que a esa persona le gustaba: la playa de cada verano, el bar de la esquina, el banco del parque.
  • Hacer una llamada a alguien que también la quería y que quizá ese día esté solo.

A distancia, para familias repartidas

Cuando la familia vive entre Madrid, Bogotá y Buenos Aires, la tarta no viaja bien. Algunas familias quedan en una videollamada y cada uno brinda con lo que tenga a mano. Otras eligen una hora para encender una vela a la vez, cada uno en su ciudad, y luego se mandan la foto.

Un gesto hacia fuera

  • Donar a una causa que a esa persona le importaba.
  • Plantar algo: un rosal, una tomatera en el balcón, un limonero si hay sitio.
  • Hacer algo que ella hacía por los demás, como llevar un bizcocho a la vecina mayor del cuarto.

Marta, una lectora, nos contó que el día del cumpleaños de su abuela compra dos claveles en el mismo puesto del mercado donde los compraba ella: «Uno lo pongo en casa y el otro se lo regalo a la florista. Ya ni me pregunta».

Frases para el cumpleaños de alguien que ya no está

Para una tarjeta, una publicación, el grupo de la familia o simplemente para decirlas en voz alta.

1. «Feliz cumpleaños, papá. Hoy la tarta sabe a ti». 2. «Hoy habrías cumplido setenta. Te los celebramos igual». 3. «Feliz cumpleaños hasta donde estés». 4. «Cada año que pasa, te cuento más cosas». 5. «Hoy brindamos por ti con tu vino, el malo, el que te gustaba». 6. «Feliz cumpleaños, mamá. Gracias por el día en que llegaste». 7. «No soplas las velas, pero las encendemos por ti». 8. «Hoy es tu día y te lo seguimos guardando». 9. «Felicidades, abuelo. Aquí seguimos cantando fatal, como tú». 10. «Hoy te celebro a ti, no a tu ausencia». 11. «Feliz cumpleaños al mejor hermano mayor que podía tocarme». 12. «Un año más contigo, aunque sea de otra manera». 13. «Hoy me acuerdo de tu risa más que nunca». 14. «Si alguien tiene una foto suya de un cumpleaños, que la comparta hoy». 15. «Feliz cumpleaños. Sigues siendo la persona a la que más me apetece llamar».

Si quiere escribir la suya, una pista: casi todas las frases que funcionan llevan algo concreto (un vino, una canción, un número) y un pequeño giro de humor o de ternura.

Cuando el día no apetece en absoluto

También hay años en que el cumpleaños llega y no apetece ni vela ni tarta ni nada. Hay personas que ese día prefieren trabajar, ir al cine o quedarse en la cama con una manta. Eso también es una forma de recordar: el cuerpo se acuerda aunque uno no haga nada especial.

Y a veces pasa al revés: el primer año es llevadero y el tercero, sin saber por qué, cuesta más. Los cumpleaños no siguen ninguna lógica, igual que no la seguían cuando esa persona vivía y llegaba tarde a su propia fiesta.

Un sitio para que el recuerdo siga creciendo

Una de las cosas bonitas de los cumpleaños es que, año tras año, van apareciendo recuerdos nuevos: una foto que tenía un primo, una anécdota que alguien no había contado. Algunas familias los reúnen en una página en memoria en Stella Memoria, donde caben su historia, fotos, vídeos y grabaciones de voz, y donde familiares y amigos pueden añadir lo suyo desde cualquier país; quien pasa puede dejar una vela, unas flores o una oración, también el día de su cumpleaños. La página se queda ahí. Si su familia anda repartida, quizá le interese también esta guía sobre cómo crear una página en memoria.

Al final, el aviso del móvil volverá a sonar el año que viene, con su globito. Y quizá, para entonces, ya no parezca una visita inoportuna, sino una costumbre: la de seguir felicitando a alguien que nos importa.

Preguntas frecuentes

¿Qué hacer el día del cumpleaños de un ser querido fallecido?

Cada familia lo vive a su manera: algunas encienden una vela, cocinan su plato favorito o visitan un lugar que le gustaba; otras prefieren pasar el día con normalidad. Muchas personas encuentran consuelo en compartir un recuerdo con alguien que también le quería.

¿Qué escribir en el cumpleaños de alguien que murió?

Suelen funcionar las frases breves y concretas, como «Hoy habrías cumplido setenta. Te los celebramos igual» o «No soplas las velas, pero las encendemos por ti». Un detalle propio de esa persona, una canción, una comida o una manía, hace que el mensaje suene a ella.

¿Está bien celebrar con tarta el cumpleaños de una persona fallecida?

Sí, muchas familias lo hacen y lo viven con cariño. Compartir su tarta favorita mientras cada uno cuenta un recuerdo es una forma sencilla de reunirse alrededor de esa persona.

¿Cómo recordar el cumpleaños si la familia vive en países distintos?

Una videollamada a una hora acordada, una vela encendida a la vez en cada casa o un espacio compartido en internet donde cada uno deje fotos y recuerdos permiten sentirse cerca aunque haya un océano en medio.

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